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Crítica de "Chesil Beach", de Ian McEwan

Fotografia llibre Chesil Beach

CHESIL BEACH, de IAN McEWAN, es para mí una obra maestra. La primera frase ya nos sitúa en su contexto histórico y presenta los personajes con su conflicto. “Eran jóvenes, cultos y, ambos, vírgenes aquella noche, su noche de bodas, y vivían en una época en la que una conversación sobre problemas sexuales era del todo imposible”. Con este inicio tan directo arranca la novela, una obra más bien corta y muy fácil de leer, que esconde una estructura mucho más compleja de lo que parece.

Eduard y Florence son los protagonistas. Acaban de casarse, es su noche de bodas y están en el hotel. A principios de los años sesenta y siendo vírgenes, se ven abrumados por la gran presión del momento. Se abre el cajón con todas sus inseguridades, miedos, misterios y expectativas, que el autor pone de manifiesto de una forma excelente, con una trama centrada en la primera vez que tienen relaciones sexuales, como es por costumbre en la época para consumar el matrimonio. Es a través de un acto tan íntimo que vemos cómo son realmente y cómo se ven el uno al otro.

Lo más destacable y que hace tan espléndido este libro es el narrador. Un omnisciente en 3ª persona que se mueve, por un lado, en un plano externo a modo de narrador editorial, interviniendo con opiniones y sentencias camufladas, y por otro, en un plano de focalización en ambos personajes. Y es que alterna los dos puntos de vista constantemente, juega con narrar una escena tan cercana como la del sexo desde la absoluta distancia, acercándose ahora a la mente del marido, ahora a la de la mujer, ahora volviendo a su posición alejada de narrador que juzga. Utiliza el estilo indirecto libre para hacer el cambio de perspectiva mucho más fluido y permite así ver sus pensamientos, conectar con la psicología tan elaborada de cada uno. Pues los dos personajes tienen un modo de pensar muy distinto, el uno nervioso y deseoso, la otra aterrada y asqueada. Con ello, se nos presenta el acto del sexo con erotismo y miedo, y en un momento de plena unión empiezan a intuirse las discrepancias dentro del matrimonio.

La acción es siempre presente, aunque se alarga y se centra en el propio pensamiento. Es en la mente de los protagonistas que se va construyendo la historia. Otra técnica narrativa es la de los flashbacks, con los que McEwan nos ayuda a comprender mejor a los personajes, viendo sus respectivas familias y sus años estudiantiles. A través del subtexto, aquello que deja intuir, perfilamos sus personalidades y refleja la diferencia cultural que hay entre ellos.

Una lectura que os recomiendo muchísimo y que logra ponerse en la piel de cada uno de sus protagonistas gracias a un narrador tan perfeccionado.